Crisis económica: Plaza Lugones intensifica el trueque y se observa una mayor demanda en la economía popular
“El trueque sigue siendo lo que más funciona hoy por hoy: el intercambio”, dicen los organizadores; la feria se realiza miércoles y viernes.
03.07.2026 | 06:03
Locales
/ Por Roberto Olivera
/ Fuente: Radio Nova 97.5
El tradicional trueque de Plaza Lugones —junto a las vías, entre Azcuénaga y Sarmiento— recupera dinamismo en plena temporada invernal y se consolida como un espacio clave de la llamada economía popular. Convocado los miércoles y los viernes de 14 a 16, el encuentro alberga hoy entre 15 y 20 puestos fijos y atrae tanto a vecinos que vienen a intercambiar ropa, calzado y alimentos como a familias que buscan precios accesibles o articulan redes de apoyo mutuo.
“Se sigue haciendo… y queremos que la gente siga concurriendo, que vaya, que exponga”, explica Gisela, responsable del trueque, para quien la circulación de público se incrementa cuando comienzan las vacaciones y la comunidad necesita mayor intercambio. Según los organizadores, “la gente está empezando ahora; se troquean cosas directamente”, y la venta ha perdido protagonismo frente al intercambio, que permite reutilizar prendas y artículos a precios significativamente menores a los del comercio formal.
El funcionamiento es comunitario y regulado: el espacio está autorizado por la Municipalidad, los puestos son gratuitos y los vendedores de alimentos deben presentar el carnet de manipulación exigido por el municipio. Además, para fomentar la solidaridad, se puso en marcha un sistema de rifas: “Todo el que quiera participar del sorteo tiene que llevar un alimento; se le da un numerito y antes de las 16 se sortea la mercadería y la gente se lleva algo”, detalla Gisela. Esa mecánica asegura que el intercambio beneficie también a hogares más vulnerables.
La diversidad de productos es amplia: ropa y calzado en buen estado son los artículos más habituales, junto a pan casero y conservas. “Los que están vendiendo, venden barato; muchas veces conviene comprar aquí antes que en el centro”, señala la organizadora, que pone especial énfasis en la recomendación a quienes venden alimentos: “yo le exijo a las chicas que tengan carnet de manipulación… que tengan cofias, guantes y delantal”.
El trueque funciona como indicador social: los responsables detectan un aumento de la demanda y una mayor cantidad de gente que se acerca a ofrecer y cambiar sus cosas en relación con el año pasado. “Hay más necesidad, mucha necesidad”, afirma Gisela, que reconoce dificultades para conseguir donaciones y premios por la coyuntura económica, aunque valora la colaboración de panaderías locales que aportan las bandejas que se entregan a los compradores.
El espacio también enfrenta tensiones sobre habilitaciones: mientras Plaza Lugones figura como trueque habilitado por la municipalidad, en otros puntos de la ciudad existen ferias que operan sin autorización y podrían ser clausuradas si no regularizan su situación. “El único trueque habilitado en Santo Tomé es Lugones”, aclara la responsable, al tiempo que remarca la importancia de mantener controles mínimos de salubridad y procedencia de artículos como electrodomésticos.
Los organizadores aspiran a ampliar las jornadas y consolidar la concurrencia: “las chicas nos piden otro día más, pero no nos lo dan; de a poquito la gente se está incorporando”, comenta Gisela, quien invita a la comunidad a participar y contribuir con alimentos para el sorteo. En un barrio donde la compra y venta informal y el intercambio se vuelven herramientas de subsistencia, el trueque de Plaza Lugones emerge como un dispositivo que combina economía, apoyo mutuo y regulación mínima para ofrecer respuestas concretas a necesidades inmediatas.

