Los Piratitas, otra vez víctima de la inseguridad: “Es el décimo robo” y la dirigencia evalúa el futuro de la institución

“Yo tengo más ganas de dejar que seguir”, confesó su presidente Alejandro Ojeda.

22.07.2026 | 19:04
Locales / Por Roberto Olivera / Fuente: La Noticia On Line

El Club Los Piratitas de Belgrano Juniors sufrió su décimo robo desde que funciona y el segundo en 15 días; su presidente advierte que los golpes reiterados “nos hacen retroceder” y convoca a una reunión de comisión directiva para decidir cómo seguir. Los delincuentes entraron por los baños y se llevaron alimentos del buffet y material deportivo esencial para la actividad del club.

La entidad, pequeña y de fuerte vínculo barrial, fue nuevamente saqueada: “En 15 días sufrimos dos robos y si sumamos la cantidad de robos, este es el décimo robo, número 10”, relató Alejandro Ojeda, presidente del club. Según su relato, esta última vez los autores ingresaron “por el baño de mujeres que da al exterior”, rompieron la placa de Durlock y accedieron a la sede y al buffet, de donde “vaciaron la exhibidora, más golosinas y otras cuestiones” y se llevaron dos pelotas marca Nassau que habían comprado para los chicos.

Ojeda contó que, pese a reforzar el ingreso tras el robo anterior —cuando habían “doblado la puerta” para entrar— los atacantes cambiaron la modalidad y aprovecharon una segunda vía para vulnerar las instalaciones. El presidente definió la situación como “tristísima” y señaló el impacto económico y deportivo: “Una pelota oficial de liga, 80 mil pesos. Dos pelotas… 160 mil pesos”, además del dinero que genera el buffet, cuya reposición es clave para mantener la pequeña economía del club.

El dirigente advirtió que la reiteración de hechos violentos no solo daña bienes materiales sino que amenaza la continuidad de la actividad: “Yo tengo más ganas de dejar que seguir”, confesó sobre su estado personal, aunque remarcó que la decisión corresponde a la comisión directiva. La entidad reúne aproximadamente “250 chicos entre todas las divisiones, entre femenino y todo”, y cerrar las puertas significaría privar a esa cantidad de niños y adolescentes de su lugar de pertenencia.

Sobre posibles responsables y medidas, Ojeda sostuvo que es “muy probable” que quienes cometan los delitos sean “gente muy cercana al club”, aunque evitó señalar a personas específicas por miedo a meterse “en un gran problema”. Relató además que hace 20 días robaron dos bicicletas a jugadores y que al casero del club le sustrajeron su bicicleta, su herramienta de trabajo. Consultado por soluciones, mencionó que mantener un sereno resulta inviable por costos y que no recibieron respuestas positivas al pedir colaboración: “No hay respuesta alguna”.

Desde la institución plantean alternativas y pedidos de ayuda: no buscan “dar lástima” sino asistencia concreta para garantizar que la actividad continúe. Ojeda explicó que intentan reactivar iniciativas sociales —“estamos queriendo gestionar de nuevo para hacer la copa de leche” — pero cada nuevo robo los obliga a replantear prioridades y recursos. “Tenés que rever cómo seguir”, insistió.

El caso vuelve a poner en evidencia la fragilidad de clubes barriales que, con escasos recursos, funcionan como espacios educativos y sociales para cientos de jóvenes. La pregunta del presidente resuena en voz alta: “¿Dónde están aquellos que se tienen que acercar?” —un llamado a la comunidad y a las autoridades para que actúen antes de que la inseguridad haga desaparecer un punto de encuentro vital para el barrio.

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